jueves, 10 de febrero de 2011

¡Oh Dios apiádate de mí!

¡Oh Dios apiádate de mí!

Algún día, como todos, deberé partir,
partiré y tendré que presentarme
y dar en un segundo el resumen de
una vida terrenal.


Entonces,
Qué le diré al creador del agua transparente,
que sació mi sed durante mi estadía.
Al que me entregó la viva llama de fuego,
para que pudiese yo amar y ser lumbre
para aquellos que a mi alrededor siguieron
la flama.
¡Cómo explicaré mi vida en la tierra!
Si me entregó la inmaculada blancura
de un vocablo que saldría de mi boca;
y llego a él con manchas oscuras
que de mis labios salieron.
Y en mis manos un azadón,
para esa tierra que me mostraba
la grandeza de dar,
otorgar y deslizar…
De esas aguas claras que un día
contribuí a contaminar.
Y el misterio de crear que me otorgó,
lo desperdicié convirtiéndolo en ira
y desazón.
Qué le diré…
Que mis campos florecieron y la cizaña
les ganó, que dos por dos son cinco y
no cuatro.
¡Oh Dios apiádate de mí!

1 comentario:

santiago dijo...

estimada amiga, todos nos iremos, pero tu tendrás un sitio preferente.
Un placer leerte y saludarte